Libia, una guerra tribal

MARZO DE 2011
Si las causas de fondo de la revuelta libia pueden coincidir en gran medida con las del resto de crisis que asolan el norte de África, resulta evidente que el desarrollo de los acontecimientos es, gracias a Dios, singular. Aquí las Fuerzas Armadas nunca lo fueron del Estado.

Florentino Portero


Las unidades –batallones, regimientos, brigadas– estaban organizadas de tal manera que su vínculo con una determinada tribu resultaba evidente. A ellas había que sumar las creadas a título personal: para un hijo del Líder o para el propio Líder, con mejores medios y un mayor componente profesional o mercenario. Por ello el Ejército como institución no ha jugado ningún papel en el desarrollo de los acontecimientos.
Al perder Gadafi la confianza de la mayoría de las tribus éstas organizaron fuerzas paramilitares a partir de sus propios batallones y polvorines. La dirección parece estar en manos de profesionales, lo que confirmaría, de ser verdad, la idea de que el Ejército se dividió en clave tribal y que los altos oficiales están al mando de las operaciones en uno y otro bando.

Gadafi se ha hecho fuerte en Trípoli y sus alrededores. Parece dispuesto a resistir convencido de que si contiene el avance y dada la supuesta superioridad de sus tropas cabría la reconquista del territorio perdido. Sin embargo, la actuación de sus hombres ha sido tan cruel que la movilización social e internacional en su contra parece difícil de detener. Podemos estar en la antesala de actos de venganza y represión terribles. Una crisis como la libia, donde se trata de saldar cuentas pendientes entre tribus, tiene difícil salida. Sólo cabe esperar que el final llegue lo antes posible.

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