Tensión en Wall Street ante el posible desalojo de los indignados acampados

Los acampados se preparan ante las labores de limpieza de hoy Barbara Celis Nueva York 14 OCT 2011 - 08:55 CET La noche del jueves al viernes se presentaba larga para los cientos de indignados del movimiento Ocupa Wall Street que desde hace casi cuatro semanas duermen en el parque Zuccotti, en el corazón del distrito financiero de Nueva York. La tensión en la que también se conoce como plaza de la Libertad se dejaba sentir después de un largo día de organización y preparativos ante la crónica de una muerte anunciada que presagiaban las palabras de Richard B. Clark, consejero delegado de Brookfield Properties. El pasado martes, el responsable de la empresa propietaria del parque Zuccotti, (de propiedad privada pero de uso público y cuya anómala normativa ha mantenido a los ocupantes en un extraño limbo legal hasta ahora) envió una carta a la policía quejándose por no poder limpiar el parque desde el comienzo de la acampada. “Estamos muy preocupados por los peligros que suponen los daños que puede haber sufrido el parque y por los materiales y los equipos que han llevado los manifestantes” dice la carta. “Después de semanas de ocupación las condiciones de seguridad y de higiene han empeorado. Hemos recibido cientos de llamadas y de e-mails de vecinos y trabajadores del barrio. Se quejan de las muchas leyes que se están quebrantando, desde obscenidad, gente metiéndose mano, uso de drogas y alcohol a ruido a todas horas, condiciones insalubres y olores ofensivos” reza una carta de dos páginas en la que piden a la policía su colaboración para limpiar el parque y así poder cumplir sus obligaciones de limpieza como propietarios del lugar. más información IndigNation contra Wall Street ¿El ‘otoño estadounidense’? Entre los temores expresados destaca el miedo que puebla el siglo XXI: el terrorismo. “Nos preocupan los continuos paquetes que llegan a la plaza. […] Ninguno está siendo escaneado por nuestros equipos de seguridad o por la policía y podrían contener materiales dañinos. El parque está en el distrito financiero y eso hace que estás actividades sean particularmente preocupantes”. Y es cierto que desde que comenzó la acampada en contra de Wall Street y su poder financiero no paran de llegar paquetes al área: esta reportera ha visto llover cajas y cajas de pizzas, bocadillos, ensaladas y donaciones de ropa de abrigo en grandes cantidades. Pero en una ciudad marcada por el 11S, y en un parque situado a escasos metros de la Zona Cero, sin duda esa alarma resuena con fuerza en las autoridades locales. El miércoles por la noche el propio alcalde, Michael Bloomberg, acudió al parque a anunciar que el viernes a las siete de la mañana comenzarían las labores de limpieza, aunque también dijo que después los manifestantes podrían seguir allí “pero deberán cumplir las normas del parque”. Normas de acampada Hace dos semanas se instaló una placa nueva en la entrada que prohibía expresamente la utilización de sacos de dormir, tumbarse en el suelo y almacenar cosas sobre bancos y mesas, es decir, todo lo que hacen quienes han decidido instalarse allí. “Pusieron esa placa y no pasó nada pero ahora parece claro que sí quieren hacernos cumplir esas nuevas normas”, explicaba a este diario Thorin Caristo, del equipo de prensa. Se quejan de las muchas leyes que se están quebrantando, desde obscenidad, gente metiéndose mano, uso de drogas y alcohol a ruido La primera reacción a las palabras de Bloomberg fue desafiarle organizando brigadas de limpieza propias. Tras un llamamiento vía Twitter para que la gente donara escobas, fregonas y detergentes, el jueves por la tarde un ejército de indignados le sacó brillo al lugar, reorganizó el campamento y gran parte de las cosas se trasladaron a un almacén cercano. “Ya hemos limpiado nosotros y no tenemos ninguna intención de irnos. Les vamos a permitir que limpien la plaza por tercios si quieren, pero en ningún momento vamos a dejarla completamente vacía. Formaremos una cadena humana. Hay mucha gente dispuesta a que la arresten pero el mundo enteró nos estará mirando”, explicaba Caristo. Los indignados neoyorquinos también pidieron el apoyo de los ciudadanos para que acudieran antes de la hora señalada y así evitar lo que temían fuera un desalojo camuflado de limpieza. Por la tarde, Scott M. Stringer, presidente del barrio de Manhattan, exhortó al ayuntamiento a que llegara a un acuerdo con los manifestantes mientras que la American Civil Liberties Union, dedicada a la defensa de los derechos constitucionales de los estadounidenses, publicaba un comunicado en el que decía: “La ciudad no puede utilizar la limpieza como una excusa para arrestos masivos. Hacerlo significaría violar la primera enmienda de la constitución (el derecho a la libertad de expresión, de asamblea, de asociación, prensa y religión) y el espíritu de la disensión”. El jueves por la noche, con más de mil personas circulando por la plaza, la tensión y el cansancio se dejaban sentir incluso con pequeñas broncas entre algunos indignados aunque en la asamblea general se habló con entusiasmo de los preparativos para seguir con la protesta, en concreto de las diferentes acciones previstas dentro de la convocatoria internacional del 15 de octubre ‘Unidos por un cambio global’, que espera reunir a miles de personas en Times Square el sábado por la tarde.

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