Cameron llama a los británicos a reducir sus deudas
El primer ministro clausura con un mensaje de moderado optimismo el congreso del Partido Conservador que se celebra en Manchester
WALTER OPPENHEIMER Londres 5 OCT 2011 - 11:48 CET2
David Cameron intenta esta tarde cuadrar el círculo y lanzar a las bases tories, y a través de ellas a todo el Reino Unido, un mensaje optimista y al mismo tiempo una llamada de atención sobre el estado de las cuentas públicas y la necesidad de que los británicos salden sus deudas personales cuanto antes.
El primer ministro, que clausurará así el congreso del Partido Conservador que se ha venido celebrando en Manchester desde el domingo, tiene la difícil misión de admitir que la economía está peor de lo que él mismo esperaba y culpar de ello a la herencia recibida de los laboristas, pero sin dramatizar en exceso para no empeorar la visión que los mercados tienen de la solvencia británica y para no infundir en la población un desánimo que acaba traduciéndose en menos consumo y perjudicando a la actividad económica.
“Los mejores días de este país aún no han pasado”, le dirá a los británicos, a los que invitará a ser más optimistas. Pero al mismo tiempo les urgirá a pagar sus deudas: “La única manera de salir de una crisis por la deuda es afrontar tus deudas. Eso significa que los hogares -todos nosotros- paguemos las deudas de nuestras tarjetas de crédito y nuestros préstamos”.
Cameron, que no se espera que realice ningún anuncio de gran calado sobre las políticas del Gobierno, concretará algunos de los recortes que la coalición anunció en su día para aligerar la carga del Estado del bienestar, como la obligación de que los parados dediquen varias horas al día a buscar trabajo o se vean obligados a aceptar empleos aunque estén a una hora y media de viaje de su residencia, so pena de perder los subsidios de desempleo.
“Los mejores días de este país aún no han pasado”, afirma el primer ministro de Reino Unido
El tradicional congreso de otoño de los conservadores, como antes los de los laboristas y los liberales-demócratas, se ha desarrollado con más pena que gloria en un año marcado más por la crisis económica que por el debate político. En buena parte porque las elecciones están a más de tres años vista.
Quizá el aspecto más destacado ha sido la constatación de que el debate sobre el futuro de Europa está empezando a emponzoñar al Partido Conservador. David Cameron ha zanjado cualquier posibilidad de que ese debate concluya en la convocatoria de un referéndum sobre la pertenencia de la Unión Europea, como quisieran los sectores más antieuropeos del partido. Y ha contado con el apoyo de uno de los ministros más escépticos sobre el vínculo europeo, el responsable del Foreign Office, William Hague.
Pero se espera que el primer ministro ataque la legislación Europea sobre Derechos Humanos y que haga referencia a un enfrentamiento que ha estado a punto de marcar todo el congreso: la disputa entre la ministra del Interior Theresa May, y el titular de Justicia, el europeísta Kenneth Clarke, acerca de esa legislación. May llegó a asegurar el martes que un inmigrante boliviano que estaba ilegalmente en el país eludió la deportación porque el juez consideró que el cuidado de su gato se incluía entre los derechos fundamentales que le garantiza la legislación europea. Clarke puso en cuestión que eso fuera posible y defendió la ley europea.
Aunque los ayudantes de May demostraron que el gato fue mencionado por el juez en su sentencia, los abogados del ciudadano afirmaron que la alusión al gato era solo un elemento más en su argumento de que la persona en cuestión mantenía una relación familiar estable y que la extradición fue denegada porque la policía estaba incumpliendo su propia legislación sobre inmigración de las parejas no casadas.